Entrenamiento para la vida

¿Te atreves a observarte con honestidad?

Maestra Sandra Reynoso

Maestra Sandra Reynoso
Coach de Vida, Bienestar Emocional y Sexualidad
Conferencista | Escritora | Capacitadora
15 septiembre, 2026

¿Te atreves a observarte con honestidad?

La autoobservación comienza cuando tienes el valor de enfocar la cámara hacia ti, reconocer tus puntos ciegos y mirar sin justificaciones aquello que necesitas transformar para crecer. 

¿Te has preguntado alguna vez cómo te verías si pudieras observarte desde afuera? Imagina que una cámara te siguiera durante varios días y registrara tus decisiones, tus reacciones, la manera en que hablas con los demás, cómo respondes cuando algo no sucede como quieres, qué haces con tu tiempo y, sobre todo, aquello que dices que quieres cambiar, pero continúas haciendo exactamente igual. 

 

Ahora imagina que tienes que ver esa película sin poder editarla, justificarla o explicar por qué hiciste lo que hiciste. Solamente puedes observarte. ¿Te gustaría todo lo que ves? ¿Reconocerías a la persona que dices ser? 

 

Observarte con honestidad puede resultar incómodo porque el autoengaño es mucho más frecuente de lo que nos gusta reconocer. Podemos construir explicaciones que nos permiten sentirnos mejor con nuestras decisiones, minimizar comportamientos que no queremos enfrentar y responsabilizar a las circunstancias o a otras personas de situaciones en las que nosotros también participamos. 

 

Por eso observarte no significa solamente prestar atención a lo que haces. Significa atreverte a mirar aquello de ti que preferirías no ver. 

 

Tus puntos ciegos: aquello que tu ego no quiere mirar 

Todos tenemos puntos ciegos: aspectos de nuestra manera de actuar que otras personas pueden percibir con claridad, pero que nosotros no vemos o preferimos no reconocer. Podemos detectar fácilmente las contradicciones, defectos y patrones de los demás y, al mismo tiempo, encontrar explicaciones muy convincentes para justificar conductas similares cuando aparecen en nosotros. 

 

¿Por qué cuesta tanto reconocerlas? Porque observarte con honestidad puede confrontarte con una imagen de ti que no coincide con la persona que crees ser o con aquella que quieres mostrar a los demás. Ahí aparece el ego defendiendo esa imagen y encontrando razones para no mirar lo que incomoda. 

 

Resulta mucho más sencillo pensar que el problema está en tu pareja, tus hijos, tu familia, tu jefe o las circunstancias que preguntarte con verdadera honestidad: ¿qué parte de esto también tiene que ver conmigo? 

 

Yehuda Berg, en su libro Satan: An Autobiography, utiliza desde una perspectiva espiritual la figura de Satán para representar al adversario interno que vive en nosotros, esa fuerza asociada con el ego y nuestra naturaleza reactiva que nos impulsa a buscar culpables, defendernos, juzgar, necesitar tener razón o resistirnos a reconocer aquello que deberíamos transformar. 

 

No necesitas interpretar esta idea literalmente para llevarla a tu propia vida. Piensa cuántas veces tu principal obstáculo no ha sido solamente aquello que ocurre afuera, sino aquello de ti que no quieres reconocer. 

 

El ego sabe defenderse. Puede transformar una justificación en una explicación aparentemente irrefutable, convencerte de que siempre son los demás quienes provocan tus reacciones o repetirte que “así eres” y, por lo tanto, no hay nada que hacer. El autoengaño puede ser particularmente poderoso porque quien construye la historia y quien termina creyéndola son la misma persona. 

 

Enfoca tu propia cámara 

 

Si quieres crecer, cambia por un momento el ángulo de la cámara. Deja de enfocar exclusivamente lo que hacen los demás y colócala sobre ti. 

 

Obsérvate cuando alguien te contradice y descubre si realmente escuchas o inmediatamente preparas tu defensa. Mira qué sucede cuando cometes un error y pregúntate si puedes reconocerlo o necesitas encontrar rápidamente una explicación. Observa cómo reaccionas cuando tienes miedo, sientes celos, te frustras, alguien no cumple tus expectativas o recibes una crítica que no querías escuchar. 

 

También observa aquello que dices que quieres y compáralo con lo que realmente haces. Tal vez dices que quieres una relación más sana, pero continúas reaccionando de la misma manera ante cada conflicto; quieres poner límites, pero vuelves a decir sí cuando quieres decir no; aseguras que quieres cuidar tu salud, pero tus decisiones cotidianas cuentan otra historia; o dices que necesitas tiempo para ti, pero sigues siendo la última persona que aparece en tu propia agenda. 

 

Aquí comienza uno de los ejercicios más importantes de la autoobservación: deja de escuchar solamente lo que dices que quieres y comienza a mirar lo que haces para conseguirlo. 

 

Porque tus intenciones hablan de tus deseos, pero tus acciones muestran la dirección en la que realmente estás avanzando. 

 

¿Lo que haces coincide con lo que dices que quieres? 

 

Existe una distancia que todos podemos experimentar entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos. La psicología ha estudiado la incomodidad que surge cuando nuestras creencias y comportamientos entran en contradicción. Leon Festinger denominó a este fenómeno disonancia cognitiva. 

Cuando lo que hacemos contradice aquello que creemos o decimos valorar, podemos experimentar incomodidad. Una posibilidad es modificar nuestro comportamiento; otra, generalmente más fácil, es encontrar una explicación que reduzca esa incomodidad y nos permita continuar haciendo exactamente lo mismo. 

 

Por eso puedes decir que algo es muy importante para ti y, sin embargo, tus acciones demostrar otra cosa. No necesariamente porque estés mintiendo conscientemente, sino porque tenemos una extraordinaria capacidad para construir explicaciones que protejan la imagen que tenemos de nosotros mismos. 

 

Atrévete entonces a hacerte una pregunta difícil: si alguien observara únicamente tus acciones durante los últimos treinta días, sin escuchar una sola palabra de lo que dices acerca de ti, ¿qué concluiría que realmente es importante para ti? 

 

Tal vez la respuesta coincida con lo que piensas. Tal vez no. En ambos casos habrás obtenido información valiosa. 

 

Observarte no significa juzgarte 

 

Mirarte con honestidad no significa convertirte en tu peor crítico. Existe una enorme diferencia entre reconocer una conducta y utilizarla para descalificarte. 

 

Si cada vez que descubres algo que no te gusta de ti reaccionas con culpa, vergüenza o agresión, probablemente terminarás evitando observar aquello que más necesitas reconocer. La autoobservación no busca demostrar que eres una buena o mala persona; busca darte información para que puedas decidir qué quieres hacer con ella. 

 

En lugar de preguntarte “¿qué está mal conmigo?”, prueba con una pregunta diferente: “¿qué me está mostrando esto acerca de mí y qué puedo hacer diferente?” 

 

Observarte con honestidad implica reconocer tus errores, contradicciones, reacciones y puntos ciegos sin convertirlos en una condena. Aquello que descubres no tiene que definirte para siempre, pero sí puede mostrarte dónde necesitas trabajar. 

 

Lo que no ves difícilmente puedes transformarlo 

 

Puedes conocerte y saber perfectamente qué quieres, pero si no observas cómo estás actuando será difícil descubrir qué te está alejando de ello. Tus reacciones automáticas, hábitos, justificaciones y patrones repetidos contienen información que necesitas para crecer. 

 

Aquí está la diferencia entre CONOCERTE y OBSERVARTE. Conocerte te permite identificar quién eres, qué necesitas, qué quieres y qué es importante para ti. Observarte te confronta con una pregunta diferente: ¿la manera en que estoy viviendo corresponde con todo eso que digo saber de mí? 

 

Aquello que niegas difícilmente podrás transformarlo y aquello que siempre atribuyes a los demás permanecerá fuera de tu capacidad de acción. Mientras toda la explicación de lo que te sucede esté afuera, también estarás colocando afuera una parte importante de tu poder para cambiar. 

 

Por eso tus puntos ciegos pueden convertirse en una extraordinaria oportunidad de crecimiento cuando finalmente decides mirarlos. 

 

¿Qué muestra la película de tu vida? 

 

Si quieres dirigir la película de tu propia vida, necesitas atreverte a mirar el material que ya has filmado. No solamente las escenas que te gustan o aquellas en las que quedas bien. También necesitas mirar las repeticiones, los errores, las decisiones que pospones, las reacciones que justificas y las situaciones en las que continúas esperando que alguien más cambie para poder cambiar tú. 

Enfoca tu propia cámara y obsérvate con honestidad. Mira tus acciones, tus reacciones, tus elecciones y tus contradicciones, pero presta especial atención a aquello que inmediatamente quieres justificar. Quizá precisamente ahí se encuentre uno de tus puntos ciegos. 

 

Te propongo un reto. Durante los próximos siete días obsérvate como si una cámara estuviera registrando tu comportamiento. No intentes corregir inmediatamente todo lo que descubras ni busques explicaciones para justificarlo. Observa cómo reaccionas, qué repites, qué evitas, qué postergas, qué te molesta de los demás y qué haces cuando las cosas no suceden como esperabas. 

 

Al terminar los siete días pregúntate con absoluta honestidad si tus acciones están construyendo la vida que dices que quieres vivir y qué parte de ti has estado evitando mirar. 

 

La respuesta puede incomodarte. Precisamente por eso puede ser importante. 

 

Conocerte te permite saber quién eres y qué quieres. Observarte te permite descubrir si tus acciones son congruentes con ello. Y comprometerte contigo significa utilizar lo que descubres para decidir qué vas a hacer diferente. 

 

Porque el verdadero crecimiento Comienza cuando tienes el valor de enfocar la cámara hacia ti, reconocer lo que encuentras y asumir la responsabilidad de transformar aquello que ya no quieres seguir repitiendo. 

 

Obsérvate con honestidad. Lo que más te cuesta mirar puede ser precisamente lo que más necesitas transformar. 

 

Agenda una sesión conmigo, https://sandrareynoso.com/contacto/ para identificar tus patrones y puntos ciegos, transformar aquello que ya no te funciona y convertir lo que descubres de ti,  en decisiones y acciones para comprometerte verdaderamente contigo. 

Bibliografía

  1. Berg, Y. (2010). Satan: An Autobiography. Kabbalah Publishing. 
  2. Festinger, L. (1957). A Theory of Cognitive Dissonance. Stanford University Press. 
  3. Wilson, T. D. (2002). Strangers to Ourselves: Discovering the Adaptive Unconscious. Harvard University Press. 
  4. Wilson, T. D. & Dunn, E. W. (2004). Self-Knowledge: Its Limits, Value, and Potential for Improvement. Annual Review of Psychology, 55, 493–518. 
  5. Vazire, S. & Carlson, E. N. (2011). Others Sometimes Know Us Better Than We Know Ourselves. Current Directions in Psychological Science, 20(2), 104–108. 

 

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Luis Alfredo Guillen
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Se me hace primordial el desarrollo de esta área del ser humano que muy pocos impulsan y muchos desconocen. Me encanta el enfoque que usted le da maestra. Me gustaría concertar una cita con usted ya que me gustaría recomendarle su libro a mis alumnos. A dónde la contacto. Gracias
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Krn AC
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Manuel Codina silva
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Ben Renaud
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Ana Ramirez Buitrago
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