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Maestra Sandra Reynoso
Coach de Vida y Sexualidad
Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos
Esta frase de Viktor Frankl no la leo: me cuestiona. No habla de teoría, habla de vida misma. De los momentos en los que la realidad ya no se mueve, pero yo, si lo decido, puedo hacerlo.
Aprendí, no desde los libros, desde la experiencia, que existen situaciones que no se pueden negociar. Pérdidas, rupturas, límites físicos, decisiones ajenas, sueños que no se cumplen como los imaginé. Durante mucho tiempo intenté cambiar lo externo: insistí, luché, me resistí. Y cuanto más lo hacía, más me desgastaba.
Hasta que comprendí algo esencial: cuando no puedo cambiar la situación, el desafío es cambiarme a mí.
Para mí el coaching, marca un antes y un después. Cambiarme no significa resignarme ni conformarme. Representa asumir responsabilidad sobre mi mundo interno: mis pensamientos, mis emociones, mis decisiones y la forma en que elijo relacionarme con lo que me ocurre. Ahí está mi verdadero margen de acción.
Viktor Frankl lo expresó con una claridad que incomoda. Descubrió, en los campos de concentración, que nadie, absolutamente nadie puede arrebatarme la libertad de elegir mi actitud, ni mis pensamientos. Esa idea, es profundamente exigente. Me quita la excusa de culpar a las circunstancias y me devuelve el poder de decidir quién soy yo frente a ellas.
Muchas veces el sufrimiento no está solo en lo que sucede, sino en la historia que me cuento:
“Esto no debería haber pasado”,
“ya no hay opciones”,
“no puedo con esto”
En los procesos de coaching, y en mi propio camino, he visto cómo esas narrativas pueden inmovilizarnos más que la situación misma. Cuando las cuestiono, algo se abre. No porque el dolor desaparezca, sino porque deja de gobernarme.
Cambiarme implica detenerme y escucharme con honestidad. Preguntarme qué me está mostrando esta experiencia, qué parte de mí necesita madurar, soltar o fortalecerse. No es cómodo, pero si es profundamente liberador.
Frankl hablaba del sentido como una fuerza que sostiene. Yo lo confirmo cada día: cuando encuentro un para qué, incluso la adversidad más terrible, se vuelve transitable. El coaching me ha enseñado que el sentido no siempre aparece solo; se construye, se elige, se aprende y se decide conscientemente.
Sé que no siempre puedo elegir lo que me pasa, pero lo que sí sé, es que puedo elegir cómo lo vivo. Y esa decisión lo cambia todo, como víctima o como guerrera. Cambia mi energía, mis decisiones y la manera en que sigo adelante.
Si ya no puedo cambiar la situación, decido cambiar.
Para adaptarme con conciencia y crecer. No para negar el dolor, sino para darle un sentido.
Cambiarme no es rendirme. Cambiarme es hacerme cargo de mi vida
Decídete a cambiar tu vida y lo logramos juntos
Bibliografía




