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Maestra Sandra Reynoso
Coach de Vida y Sexualidad
Una infidelidad no solo rompe la confianza. Puede romper la tranquilidad, la autoestima, los proyectos compartidos y, en muchas ocasiones, la relación más importante que una persona tiene: la que mantiene consigo misma.
Después de acompañar a cientos de personas y parejas en procesos de transformación, he comprobado que el verdadero impacto de una infidelidad no siempre está en la traición en sí, sino en todo lo que despierta en quien la vive. Aparecen preguntas que lastiman profundamente: ¿Qué hice mal? ¿No fui suficiente? ¿Podré volver a confiar?
Existe una pregunta todavía más importante.
¿Hace cuánto tiempo dejaste de escucharte a ti?
Con frecuencia pensamos que la infidelidad comienza cuando alguien rompe un acuerdo. Desde mi experiencia, casi nunca es así. Empieza mucho antes: cuando la comunicación deja de ser auténtica, cuando las emociones se silencian, cuando las necesidades dejan de expresarse y cuando alguno de los dos comienza a sentirse invisible dentro de la relación.
Nada de esto justifica una traición. La responsabilidad siempre será de quien decide ser infiel. Sin embargo, comprender lo que ocurrió permite aprender, crecer y evitar repetir la misma historia.
La persona traicionada suele experimentar una profunda desregulación emocional. Ansiedad, enojo, tristeza, culpa, pensamientos obsesivos, dificultad para dormir e incluso una sensación constante de inseguridad forman parte de un proceso que no debe minimizarse. El cuerpo también resiente el dolor emocional.
Una de las preguntas que más escucho en consulta es: “¿Se puede perdonar?”
Mi respuesta siempre es la misma.
Sí.
Perdonar no significa olvidar ni justificar.
Perdonar significa recuperar la paz para decidir desde la conciencia y no desde la herida.
Algunas parejas reconstruyen su relación. Otras deciden separarse. Ambas decisiones pueden ser saludables cuando nacen del amor propio y no del miedo a la soledad.
Y aquí quiero compartir una reflexión que considero fundamental.
Muchas veces nos preocupamos por la infidelidad de la pareja y olvidamos preguntarnos si nosotros mismos hemos sido fieles a quienes realmente somos.
¿Has callado por evitar un conflicto?
¿Has aceptado situaciones que lastiman tus valores?
¿Has dejado de escucharte para no perder una relación?
Porque la primera fidelidad que debemos cuidar es la que tenemos con nosotros mismos.
El conocimiento de uno mismo es el punto de partida de cualquier transformación. Solo cuando aprendes a observarte con honestidad puedes comprender qué necesitas sanar, cuáles son tus límites y qué tipo de relación deseas construir.
No puedes amar sanamente si antes no has aprendido a amarte y respetarte.
No puedes exigir confianza si tú has dejado de confiar en ti.
No puedes construir una relación sólida cuando la relación contigo está fracturada.
La infidelidad puede convertirse en una crisis… o en una gran oportunidad para crecer.
La decisión siempre será tuya.
Te dejo una pregunta:
¿La mayor traición fue la de tu pareja… o dejaste de ser fiel a tus valores, a tus necesidades y a la persona que realmente eres?
Y ahí, tal vez comience la respuesta que has estado buscando.
Decídete a creer en ti y lo logramos juntos.
Bibliografía