
Maestra Sandra Reynoso | Teléfono: 55 54078443 | Correo sandrareynoso@gmail.com
Maestra Sandra Reynoso
Coach de Vida y Sexualidad
Al escuchar la música de Bad Bunny, siento ganas de sentir, no de entender lo que está diciendo.
No pasa primero por mi mente. Pasa por la emoción. Muchas veces no comprendo cada palabra, pero percibo claramente lo que se mueve dentro de mí: una emoción que aparece sin aviso, una memoria, una incomodidad, una nostalgia suave o una energía. Y como coach, esto me resulta profundamente familiar.
En los procesos de acompañamiento, algunas personas llegan con discursos bien armados, con historias claras, con explicaciones impecables, pero con muy poco contacto con lo que realmente sienten. El verdadero trabajo personal inicia cuando dejamos de exigirle coherencia a la emoción y le damos espacio para manifestarse tal como es: desordenada, confusa y, a veces, alocada. Exactamente como lo que quiere expresar y mover Bad Bunny con su música.
He escuchado muchas veces la frase: “no se le entiende nada”. Y me pregunto lo mismo: ¿tenemos que entender para sentir? Somos seres sentipensantes: primero sentimos y luego pensamos. Hay experiencias que no están hechas para ser descifradas, sino para ser vividas. Y esta música se mueve ahí. No pide permiso, no traduce, no suaviza: se experimenta. El éxito no se consigue haciendo más, sino siendo más visible como quien realmente eres. Eso es lo que ha logrado Bad Bunny.
Bad Bunny no es una voz ni una pronunciación perfectas. Es alguien que no se corrige emocionalmente. Y eso me sensibiliza. La mayoría de nosotros aprendimos a moderarnos, a bajar el volumen de lo que sentimos, a no exagerar. Aquí, en cambio, hay una expresión emocional sin pulir, sin pedir disculpas.
En un proceso de coaching, cuando una persona deja de hablar “bonito” y empieza a hablar desde un lugar más crudo, más real —cuando se quiebra—, algo se acomoda. Aparece la verdad emocional, la verdad real, no la del discurso preparado. Esa verdad es incómoda, pero es honesta. Y ahí es donde realmente se abre el auténtico camino del ser.
Con esta música pasa algo similar: no busca agradar, busca expresarse. Y quien escucha decide si se defiende o si se permite fluir en esa honestidad.
¿Está Bad Bunny revolucionando el sentir? Tal vez no en un sentido rimbombante. Pero sí está validando algo profundamente necesario hoy: que sentir no tiene que ser claro, ni elegante, ni completamente comprensible para ser válido para quien lo experimenta. Que el cuerpo entiende —y mucho—. Que las emociones no necesitan permiso ni traducción inmediata.
Para mí, escuchar esta música es un ejercicio de presencia. Es soltar la exigencia de entenderlo todo y hacerme una pregunta mucho más honesta:
¿Qué me pasa a mí con esto?
Esa misma pregunta que tantas veces hago a otros:
¿Qué estás sintiendo realmente?
¿Cómo serías tú si te permitieras sentir?
No necesito que esta música me represente. Me basta con que me recuerde algo esencial: antes de entender, siento. Y cuando me permito sentir sin juicio, algo se ordena por sí solo.
Quizá se trate de algo más simple —y más profundo—: atrevernos a sentir sin tantas explicaciones.
Y si una canción logra eso, aunque no la entienda del todo, para mí ya cumplió su función.
Decídete a creer en ti y lo logramos juntos
Bibliografía




